Hoy no escribimos a instancias de nadie. Las líneas que siguen merecen ser escritas; hasta tienen derecho a ello.

El viernes pasado concluimos nuestro periodo de colaboración de dos meses con el St. Paul’s School de Barcelona. Han sido unas semanas intensas para todos, de un considerable despliegue de fuerzas y medios con objeto de impartir un sinfín de talleres a centenares de alumnos. Ha sido sumamente gratificante que los niños nos acogieran desde el principio con tanto interés y curiosidad, que nos hayan regalado su cariño sincero ―todo lo que hacen los niños es sincero, ¿verdad?― y constatar su evolución sesión tras sesión.

Nos hemos sentido como en casa desde el primer día, y eso no se logra si no hay detrás un equipo humano tan válido, profesional y hospitalario como el del St. Paul’s. Si nos preguntaran qué virtudes lo definen, diríamos sin dudarlo que la humildad y la búsqueda constante de la excelencia. El St. Paul’s ocupará siempre un lugar especial en nuestra aún joven andadura happymaneriana por haber confiado en nosotras desde el primer momento para abordar juntos un ambicioso proyecto. Como dice el refrán: es de bien nacidos ser agradecidos…