Bienvenidos al blog de Happy Manners:

Desde que impartimos talleres infantiles de modales, hablamos con muchos padres y madres que nos transmiten sus inquietudes como tales, y son muchas las reflexiones e ideas que nos aportan. Y es que nadie dijo nunca que la tarea de educar iba ser fácil, ¿verdad? La educación no puede mirarse más que a largo plazo, siempre. ¿Cuántas veces nos repitieron ciertas cosas de pequeños, a todos nosotros? ¿Cuántas veces nos sorprendemos hablando y diciendo lo mismo que nuestras madres, por ejemplo? A la hora de educar a nuestros hijos no cabe tirar la toalla, no cabe el cansancio irreversible, sino solo la tenacidad, la insistencia sutil, la paciencia, y a veces también un suspiro, pero únicamente para volver a coger fuerzas, para seguir manteniendo la esperanza de que de todo lo dicho algo quedará, siempre; seguro.

Al igual que cuando se prepara la tierra para la siembra, cuando se esparcen las semillas, nadie espera que estas den fruto de inmediato, debemos saber esperar hasta constatar que después de unos años lo transmitido florece.

En Happy Manners nos gusta comparar la adquisición de modales en la infancia con aprender a ir en bici. Cuando sabes ir en bici, ya no lo olvidas jamás, aunque te pases veinte años sin montarte en una. Jamás olvidas esa sensación, ni la sensación de pedalear. Pues bien, con los modales en la mesa ocurre algo muy similar. Una vez adquiridos, están ahí a nuestro alcance y siempre podemos echar mano de ellos; en cualquier circunstancia y lugar. Cuando has interiorizado ciertas cosas (como levantar el codo y ponerte la servilleta en las piernas, sin ir más lejos), estas se convierten en actos y gestos automáticos que no requieren empeño consciente alguno. Así, comer deja de ser una gimnasia y un esfuerzo constantes para pasar a ser un acto natural en el que compartimos tiempo y emociones con los demás.