Si vamos a comer todos juntos en familia un día de fin de semana, poner la mesa bien puede ser algo que hagan nuestros hijos. Seguramente tardemos menos nosotros en hacerlo, ¿verdad? Y seguramente también nos resulte así más fácil.

Pero ¿por qué no probarlo? Pondrán la cuchara en el sitio que no corresponde y el vaso de vino en el del agua, y quizás el platillo de pan a la derecha y no a la izquierda, pero a la tercera o cuarta vez sabrán hacerlo perfectamente. También podemos ponerles un servicio de mesa correcto a modo de ejemplo y que ellos pongan los demás; podemos incluso dejar que pongan las servilletas siguiendo los impulsos de su creatividad. Ver que confiamos en ellos les dará alas para hacer y crear.

Creemos valor primero y conseguiremos el interés y la atención de nuestros pequeños. Si comer en familia se convierte en un ritual que tiene un valor, si creamos valor para cuanto hacemos, lo que hagamos será importante para la familia y, por lo tanto, también para nuestros hijos. Cuando les transmitimos que no todo vale ni de cualquier manera, ya estamos creando valor. Y es que en la mesa todo tiene su lógica, su sentido y su sitio.