Así empiezan algunas de nuestras mañanas happymannerianas. Explicamos alguna cosa a la clase, me vuelvo tres segundos para tomar un sorbo de agua, que se me reseca la garganta, y cuando me quiero dar cuenta veo unas diez manos levantadas. La maravilla de los niños es, sin duda, su insaciable curiosidad y espontaneidad.

Vamos uno por uno, intentando que el resto esté atento a las preguntas de los compañeros, para que aprendan a escuchar y porque es más que probable que, de lo contrario, vuelvan a formularnos la misma pregunta dentro de cinco minutos. «¿Puedo tocar las rebanadas de pan del cestito y escoger la que más me guste?»; les contestamos que no hace falta hacer eso, que no es lo más adecuado, que casi todas las rebanadas son iguales y da igual la que nos toque. Otra pregunta: «¿Esto es un cuchillo?»; se refieren a la pala de pescado, que en ocasiones creen que sirve para recoger las migas de la mesa. «¡Pero si esto no corta!», exclama un niño. Y varios se echan a reír. Y el remate: «¿Se puede comer del cuchillo de pescado?». Les respondemos y les explicamos pertinentemente, conteniendo la risa, claro. Siguiente pregunta: «¿Y si la sopa no es la normal y es de pescado? ¿No tendríamos que usar una cuchara distinta?»; una estupenda pregunta, a la que también contestamos.
Tras varios minutos de preguntas y debate, se hace el silencio; ahora nos toca a nosotras: «¿Y si estáis en un restaurante porque es el cumpleaños de alguno de vuestros abuelos y os traen vuestra pizza, por ejemplo, pero al abuelo aún no le han traído su…, mmm…, pasta al pesto?». Cien manos levantadas, impaciencia por participar y hablar. «¡Yo, yo, yo!», exclama una niña. Otra levanta la mano dos segundos después de empezar a hablar: «¡Yo lo sé! Muy fácil, le doy un trozo de mi pizza». Nosotras negamos con la cabeza, sonriendo. Al fondo un niño dice: «Pues como tiene hambre, le paso un trozo de pan, pobre abuelo». Seguimos negando con la cabeza. Reina el silencio. Y digo: «Esperáis, chicos, esperáis a que le traigan su pasta para empezar a comer…». Y unos cuantos protestan: «Pero ¡es que entonces se nos enfría la pizza!».

Así son nuestros talleres: entretenidos, interactivos, dinámicos y animados. ¿Se puede pedir más?